Seis ideas acerca de la obra de Elena Fernández Prada

 

Imágenes.

Mucha obra reciente de E. está basada en ilustraciones hechas por naturalistas de los siglos XVIII al XX que describen insectos, plantas y aves. También  ha utilizado esos fondos de cuadros de la pintura flamenca y alemana en los que aparecen unos paisajes estilizados, convencionales. Y actualmente está interesada por los grabados que Gustave Doré realizara para acompañar textos clásicos como el Quijote o la Divina Comedia.

E. es absolutamente fiel a sus obsesiones. Las ideas le asaltan sin previo aviso, la dominan sin remisión, ella se entrega sin resistencia alguna.

Resulta que la mayoría de estas ideas tienen que ver con imágenes que la han fascinado desde la infancia. Se diría que, mucho más que cosas o situaciones vistas directamente, lo que la emociona son las representaciones de esas cosas, de esas situaciones, transformadas en escenas de una narración visual. Como si necesitase el filtro de esa mirada, de esa interpretación anterior. O como si pensase que, en realidad, todo es mirada, todo es representación, todo es imagen.

Montaje.

Pero en ocasiones las imágenes aisladas no parecen ser suficiente; tal vez no transmitan por sí solas todo el placer visual que a su espectadora causaron. O se cierran en sí mismas, impidiendo un desarrollo temporal, una concatenación de sucesos que sugiera una historia.

A menudo E. decide combinar muchas de estas imágenes entre sí, montarlas en un denso entramado de formas y significados. Este montaje, espacial y temporal, se convierte en un dispositivo esencial de las piezas, que produce una situación paradójica, afirmando una unidad que a la vez está denegando. Fondos flamencos es significativa en este sentido: la pieza se presenta como en un estado intermedio de montaje, precario e irresoluto.

Naturaleza.

Si todo es representación, también lo es el mundo natural que nos rodea. En la obra de E., las plantas son ilustraciones, los paisajes son fondos de cuadros, las flores son de plástico. El campo está habitado, colonizado por viviendas rurales que se apilan sin control. Todo el entorno es un gran decorado donde poner en escena pequeños dramas, sutiles comedias.

¿Cuáles son los lugares preferidos de E. para disfrutar de la naturaleza? Un jardín botánico, un museo de ciencias naturales.

Decoración.

Para muchos artistas el término “decorativo” sería, aplicado a su trabajo, altamente peyorativo; para E. es un elogio. Ella no distingue entre artes aplicadas y bellas artes, alta y baja cultura. Lo mismo valora un estampado de Kenzo que un cuadro de Patinir, una ilustración de Quentin Blake que una foto de Jeff Wall.

E. compone imágenes como si diseñara telas, mediante pautas repetitivas, rítmicas y obsesivas. La mirada del espectador queda atrapada en una densa red de estímulos que lo desorientan y, en un proceso casi hipnótico, lo llevan a un estado de absorción contemplativa.

Placer.

Pero E., artista amable, ante todo quiere que el espectador sienta placer, un placer similar al que ella misma experimenta mirando determinadas imágenes, o pensando ciertas ideas. Por eso su obra es tan bonita, aunque esa belleza tenga también componentes inquietantes, incluso repulsivos.

La tensión entre la belleza de la imagen y lo perturbador de los temas es una constante de su trabajo. Las obras de una de sus primeras series, compuestas al modo de estampados de telas,  presentan, sintetizados en una tenue línea, fragmentos de la anatomía femenina. Pechos, pubis, labios van acompañados de elementos que acentúan la impresión táctil y refuerzan la erótica de la imagen: unas bragas bajadas, un sujetador caído, un pitillo en la boca entreabierta. Su repetición pautada nos hace pensar en una habitación decorada con esos motivos, un espacio envolvente de sensualidad contenida, sugerida.

Narración.

Cuando estaba estudiando, E. solía basar sus trabajos en obras literarias. Imágenes, personajes y situaciones creadas por escritores como Poe, Pessoa o Bruno Schulz le servían como punto de partida para una recreación plástica. En la actualidad no usa este recurso (aunque ha trabajado como ilustradora de cuentos), pero lo literario sigue impregnando toda su obra.

La trama visual se corresponde con una trama narrativa no explícita; es el espectador el encargado de imaginar estas narraciones, o simplemente de intuir su posibilidad, sobre los escenarios que E. despliega como decorados barrocos: artificiales, complejos, ornamentales, seductores, inquietantes.

Ignacio Pérez-Jofre